UNA VISIÓN DIFERENTE DE LA RSE

El 30% restante entiende lo anterior y se desmarcan del modelo tradicional de negocio, construyendo su propio futuro, realizando planes, desarrollando nuevos productos, explorando las necesidades de sus clientes, generando  riqueza.  Lo hacen no solamente permaneciendo sino creciendo, aportando al desarrollo colectivo, al crecimiento de su colectividad y territorio, en fin, cumpliendo con lo conocemos como Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Ese propósito de generar riqueza y permitirles a otros ser partícipes de ese crecimiento, además de una equitativa redistribución de la misma, es una profundización adicional de la RSE.

Dentro del tradicional 70% distingo dos grupos. Veamos el primero: los que saciado su interés personal no desean incurrir en nuevos proyectos, tendencia que se asimila a la explicada en parte por las teorías del premio nobel de Economía, Richard Thaler, y evidenciada en la investigación del también economista Colin Camerer, que toma como ejemplo que los taxis “desaparecen” en New York cuando llueve, dado que los taxistas alcanzan mucho más rápido sus objetivos.

Este grupo estructura una zona de confort que protege alimentándola con barreras a la innovación y al crecimiento e insisten solamente en la optimización operacional  y funcional;   dependiendo del buen desempeño en estas dos variables durará más su emprendimiento. El devenir de la acción del mercado, de los cambios en el entorno y la evolución de las preferencias de los clientes, agotará inexorablemente su modelo de negocio.  Acá se ve claramente la ausencia de actividades de RSE y por ende sus derivados. Las empresas en este grupo parecen estar jubiladas.

El segundo grupo normalmente se debate por consolidar su modelo de negocios y despegar con una probabilidad muy alta de pasar a la categoría del grupo anterior y poder “jubilarse”, su mayor dificultad es entender bien las necesidades de sus clientes y manejar adecuadamente las necesidades de efectivo.

Queremos resaltar para terminar que en cada uno de los tres grupos la precondición para realizar actividades de RSE es cumplir la premisa gerencial de permanecer y crecer, haciendo uso de las herramientas estratégicas administrativas del planteamiento estratégico, uno que vaya más allá de cumplir lo establecido para acreditarse ISO 9000 e innovar.

Uno de los elementos que más nos llama la atención dentro del quehacer empresarial es el hecho de que más del 70% de las llamadas PYMES no desarrolla modificaciones en su modelo de negocio, durante el ciclo de existencia, lo cual las hace más vulnerables ante las distintas variaciones del entorno, las preferencias de los clientes, la aparición de nuevos competidores y potenciales sustitutos.

El 30% restante entiende lo anterior y se desmarcan del modelo tradicional de negocio, construyendo su propio futuro, realizando planes, desarrollando nuevos productos, explorando las necesidades de sus clientes, generando  riqueza.  Lo hacen no solamente permaneciendo sino creciendo, aportando al desarrollo colectivo, al crecimiento de su colectividad y territorio, en fin, cumpliendo con lo conocemos como Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Ese propósito de generar riqueza y permitirles a otros ser partícipes de ese crecimiento, además de una equitativa redistribución de la misma, es una profundización adicional de la RSE.

Dentro del tradicional 70% distingo dos grupos. Veamos el primero: los que saciado su interés personal no desean incurrir en nuevos proyectos, tendencia que se asimila a la explicada en parte por las teorías del premio nobel de Economía, Richard Thaler, y evidenciada en la investigación del también economista Colin Camerer, que toma como ejemplo que los taxis “desaparecen” en New York cuando llueve, dado que los taxistas alcanzan mucho más rápido sus objetivos.

Este grupo estructura una zona de confort que protege alimentándola con barreras a la innovación y al crecimiento e insisten solamente en la optimización operacional  y funcional;   dependiendo del buen desempeño en estas dos variables durará más su emprendimiento. El devenir de la acción del mercado, de los cambios en el entorno y la evolución de las preferencias de los clientes, agotará inexorablemente su modelo de negocio.  Acá se ve claramente la ausencia de actividades de RSE y por ende sus derivados. Las empresas en este grupo parecen estar jubiladas.

El segundo grupo normalmente se debate por consolidar su modelo de negocios y despegar con una probabilidad muy alta de pasar a la categoría del grupo anterior y poder “jubilarse”, su mayor dificultad es entender bien las necesidades de sus clientes y manejar adecuadamente las necesidades de efectivo.

Queremos resaltar para terminar que en cada uno de los tres grupos la precondición para realizar actividades de RSE es cumplir la premisa gerencial de permanecer y crecer, haciendo uso de las herramientas estratégicas administrativas del planteamiento estratégico, uno que vaya más allá de cumplir lo establecido para acreditarse ISO 9000 e innovar.

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